Posteado por: Loco Atardecer | 4 marzo 10

La mentira verdadera

Foto: “Que pequeño es el mundo, pensará”

Bajo a comprar el pan una mañana que casi llega al medio día, en uno de esos sábados en los que parece que todo el mundo decidió a salir a comprar. Como siempre, espero al último minuto, por eso de darle emoción al Sábado, cosa que si no llego, le de una excusa a mi mujer para enojarse porque fui a último momento y no tenga que andar buscando excusas, ya que los Sábados son para descansar.

Al final bajo un poco distraído, cuando de pronto una mujer ya mayor, me pasa por al lado casi corriendo y me da de lleno con el carro de la compra en medio del estómago tan fuerte que casi me tira al suelo.

Yo me incorporo después de medio segundo y me doy vuelta, mientras la mujer a los gritos me dice un poco de todo (mientras se va poniendo colorada y jadeando como si viniese de correr), yo, que todavía estaba pensando en que no llegaba a comprar el pan escucho que me dice que si no miro por donde voy, que tengo que tener más cuidado, que como puedo ser tan torpe, que … y de pronto le digo… -pero, señora, si es usted quien me dio con el carro en medio del estómago- y ella, que no sabe que responder me dice –Eso por no ver por dónde vas, si hubieses mirado me hubieses esquivado-. Yo ya no sabía que decirle, y para colmo la gente, que cuando tiene atracción gratis, llena las gradas, se empezó a arremolinar en torno a la exhibición.

Al final decidí calmarme y respirar profundo (sobre todo para recuperarme del golpe), y le digo -Pero señora, ¿A usted le parece que yo salgo todas las mañanas de sábado tratando que la gente me dé con su carro en el estómago?… la señora entonces entro en razón y mientras intentaba controlarse poniendo su mano sobre el pecho, me dice que le perdone, es que estaba muy apurada, que tenía un día terrible, que no podía mas, … yo, ya más comprensivo le digo que no se preocupe, que no había sido para tanto (mientras pensaba que la operación para extraerme la manija del carro del pecho la pagaba ella), que se calmara, que no era tampoco para ponerse así,… Entonces vuelve a levantar la voz y me dice medio agitada que no podía más –¡Es que son las once y media y todavía no puse la comida!.- ¿¿¿eeeh???.

¿Casi muere de un ataque y comete un extraño homicidio con un carro de la compra en medio de la vía pública porque es tarde para poner la comida?… ¿Explota el mundo luego y no quiere morir con el estómago vacío?, ¿Acaso después de comer no hace la siesta o ve cuatro horas de televisión?… cuando escuché eso le dije que vaya a hacer la comida y yo me fui a buscar el pan.

Para esa mujer era tan importante tener que hacer la comida cuanto antes, que no podía siquiera pensar, para ella, en su mundo, poner a hacer la comida tarde, era un abismo insondable dónde no sabe ella que podía pasar; como si de eso dependiera el mundo. Y así es, porque para ella es “verdad” y esta viviendo su propia mentira, una mentira en la que un minuto o dos o cinco o treinta hacían la diferencia, ella vivía como todos nosotros en “la mentira verdadera”, ese mundo que creamos a nuestro alrededor, ese micro-mundo en el que vivimos y en el que, para nosotros es todo verdad. No pasaba nada si ese sábado comían diez minutos más tarde, pero esa mujer realmente vivía eso como real.

La mente es un extraño ser viviente que “piensa y luego existe”, que quiere una rutina, que, caprichoso, busca un estímulo, y que también nos lleva a creer que todo lo que pasa es real. Recuerdo de chico a alguna mujer que no salía nunca de su casa, que no le conocía la cara, y que solo podía reconocer sus ojos detrás de las persianas, pasándose todos los días de su vida solo mirando por la ventana, viendo un trozo de 20 metros de calle, para esa mujer, un tropiezo sería todo un acontecimiento para el noticiero. Así, nuestro mundo se va achicando, y nuestra sensación de inmersión en esa realidad nos va ocupando la atención, para terminar creyendo que lo que pasa es real y que todo lo que no encaja en nuestro mundo está mal, o no existe.

Como un jefe que, solo porque alguien más pensó que estaba capacitado para ocupar ese puesto, se transforma en ese micro-mundo de la oficina, en una mala persona y utiliza su “poder” para humillar. O como un marido que grita a su mujer porque no le planchó una camisa.

Por eso tenemos que evitar “creernos la mentira”, no dejar que esa mentira se transforme en verdadera para nuestra mente y tratar de ver nuevos horizontes ampliando ese mundo, haciendo que seamos cada vez más abiertos y más honestos con nosotros mismos, para no sacar a relucir “la regla de medir las cosas” e intentando ser más comprensivos.

 

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