Posteado por: Loco Atardecer | 9 marzo 10

La regla de medir las cosas

Foto: “Nuestros mm, nuestros cm, nuestros mts”

Aunque parece poco importante, siempre existió eso de mirarse al espejo, todos en algún momento nos miramos al espejo directo a los ojos y nos decimos cosas, será porque, en ese momento, sabemos que el que tenemos delante nos entiende y piensa como nosotros.

En la biblia ya se habla de los espejos, que eran de metal pulido y para el año 1300 en Venecia inventaron el de vidrio con metal detrás, que perfecciona 500 años después un químico alemán.

La cuestión es que, esa persona que se refleja es ni más ni menos que nosotros, con la única diferencia que, al levantar el brazo derecho, nuestro compañero en el espejo, levanta su brazo izquierdo, pareciendo una broma del destino, que ni nuestro reflejo haga exactamente lo mismo que nosotros.

Así y todo, que ni nosotros mismos reflejados actuamos igual, seguimos empecinados en pensar que solo nosotros hacemos lo correcto y que todo el mundo debería actuar igual que nosotros. ¿Cómo?, simple, si nosotros hacemos algo incorrecto, está bien que lo hagan los demás, si los demás no lo hacen, son tontos por no hacerlo.

Así nos convertimos en “la regla de medir las cosas”, dónde todo lo que hacemos (por bueno o por malo que sea), pasa a ser correcto y todo lo que no hagamos pasa a estar mal. Es decir, si nos fuimos a vivir a los 18 con nuestra novia de 45, está bien que lo haga mi vecino, si lo hace mi vecino y yo no, ¿Mi vecino es tonto o ella tendrá dinero?

Es cuestión de escuchar a la gente en cualquier reunión y después tratar de reconocer esas palabras en nosotros mismos.

-Yo, siempre hice eso…- dice una.

-Ahhh… yooo nooo… yo lo que hago es esto otro… ¿cómo vas a hacer eso?- responde otra

-Pero, si hacer eso está mal- agrega una tercera.

-Bueno, que lo haga está bien, yo lo hago también- deja caer una cuarta.

-¿Pero cómo vas a hacer eso?- le reprocha la tercera.

-Sí, está mal lo que hizo pero yo también lo hice, deberías hacerlo también- se defiende la cuarta.

….

Así queremos que sea el mundo, como nosotros, juzgando a los demás por lo que hacen diferente y sin valorar que cada uno debe vivir la vida que le toca. Criticando a los demás por cosas que nosotros no hacemos; a veces impulsados por nuestros valores, otras veces por nuestros ideales, y casi siempre por la envidia de no poder hacer, de no saber hacer o de no tener valor para hacer.

¿A quién le importa que tu amigo se compre un coche y no tenga que comer?, si te afecta por algún motivo, cabe la posibilidad que nos empuje a criticar, pero la mayoría de las veces es solo el querer medir con nuestra vida, la vida de los demás. Es como cuando alguien comete un error en su vida y aprovechamos para sacar a relucir “la regla” y difundir el error, en el boca en boca que tanto nos gusta usar.

Quizás, … y digo “quizás”… deberíamos pensar que cada persona de este mundo (incluyendo nuestra pareja, amigos, e hijos), tengan experiencias de vida distintas, otras expectativas, otros deseos, o necesidades que seguramente no se acerquen ni un milímetro a las nuestras, y por eso tomen decisiones y vivan su vida de otra manera.

Recuerdo cuando a eso de los 18 años visité a un amigo ya casado y con hijos, que lo estaba pasando mal económicamente, me contó esa tarde lo que le pasaba y mientras hablábamos del tema me ofrece unas galletas de origen suizo, su mujer me dice que las pruebe que no se comen todos los días, que eran carísimas, no recuerdo cuanto, pero para galletas, carísimas sí que eran.

Al salir de ahí me quedé pensando en eso, como podía ser que, pasándolo mal, se gastaran dinero en esas galletas. Al llegar a casa comento con mi padre, reprochando como, en su situación y teniendo hijos, no tuviesen más cuidado con el dinero. Mi padre, que con más experiencia que yo y habiendo pasado por una situación así cuando yo era recién nacido (yo a esa altura nunca lo había pasado mal económicamente), me dijo que estaba equivocado, que cuando uno lo pasa mal, necesita esas pequeñas cosas que te dan aliento, que te hacen sentir un momento de satisfacción y que te permiten aislarte de tu problema para poder seguir luchando al otro día, y que, aunque las galletas fuesen caras, más caro era no haberlas comprado, y que al final, tampoco cambiaría tanto su economía. Me quedé pensando en eso por un momento y me di cuenta que tenía razón. Así supongo que agregue a “la regla de medir las cosas” algo más… y seguí midiendo en otro sitio.

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