Posteado por: Loco Atardecer | 14 mayo 10

La foto recortada

Foto: “Una sonrisa para la foto”

Revisaba las fotos, esas que todavía tengo en papel, esas antiguas que tenemos en una caja en algún sitio, o en esos gruesos y pesados libros de fotos que rara vez (o nunca) miramos. Claro, ahora tenemos cámaras digitales y lo vemos todo en el pc o en la televisión, y podemos sacar todas las fotos que queremos y sin control (ni coste), sacamos miles de fotos. Pero nuestra esencia nunca cambia, y al final esas fotos también terminan en alguna carpeta, esta vez del pc, y que nunca o rara vez miraremos.

Como decía, miraba fotos y entre ellas recojo una foto mía, realmente me veía bien, era una foto recortada porque, claro, quien salía en la parte recortada ya no estaba en mi vida y no quería recordarla, ni tirar mi foto, así que en su momento aplique el “Photoshop” de mi generación, las tijeras.

Pero el caso es que a esa foto recortada la recordaba perfectamente, y recordaba de la chica recortada todo,  su cara, la posición en que estaba, y recordaba también el momento, casi como si estuviese viendo la foto completa.

Me quedé mirándola un rato (completa claro, porque ya no podía verla de otra forma) y dije que ya estaba bien, si no podía olvidar la parte que faltaba entonces lo solucionaría.

Fui hasta la cocina, encendí el fuego y acerque la foto para quemarla, pero la foto al prenderse, de pronto se arqueó y el fuego me quemó el dedo, solté la foto y la dejé quemándose sobre las hornallas mientras yo ponía mi dedo bajo el agua fría.

Me quedé pensando un rato en todo eso y al final me di cuenta que no podemos borrar nuestros recuerdos porque al final, somos los que somos, porque fuimos los que fuimos. Tanto es así que, si no hubiese recortado hace tantos años esa foto, no me hubiese detenido en ella, no me hubiese puesto a recordar, pasaría la foto como una más, y realmente hoy no me hubiese quemado el dedo.

Así de directo afecta nuestro pasado a nuestro presente y nuestro presente a nuestro futuro.

Como tantas otras bromas del destino, inesperadamente, un trozo de foto que faltaba (ni siquiera una que estaba allí), esa parte incompleta del cuadrado, consiguió quemar mi dedo, y ante el miedo aterrador de lo que pudiese hacer una foto completa, cerré la caja de las fotos enseguida.

Todavía con dolor, volví a la cocina a poner un poco mas de agua fría al dedo y mientras miraba las cenizas que quedaron esparcidas, pensé, es la segunda vez que consiguió hacerme daño, a pesar de haber jurado, que nunca más lo haría.

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