Posteado por: Loco Atardecer | 18 mayo 10

Que estrés

Foto: “No puedo paraaaar”

Suena el despertador, y voy dando manotazos de ahogado, no consigo despertarme ni dormir con ese ruido penetrante, llego al despertador, lo apago y sigue sonando, … no, es la alarma del teléfono, me estiro un poco mas y llego medio ciego hasta él, pero en la desesperación del piirippiiipiiiiii… lo empujo, se cae y se me apaga, me levanto ya de mala leche, y veo que es tarde, así que corro al baño todavía medio dormido y pateo sin querer con el dedito chiquito del pie la pata de la cama que parece que se hubiese estirado para darme justo ahí, grito, salto en una pata, y llego al baño con un ojo cerrado y el otro medio abierto, abro el agua para despejarme y se me cae el teléfono que todavía llevo en la mano, lo saco, lo seco, me mojo la cara y consigo despertarme, me afeito, me perfumo, me peino, me visto, y mientras voy juntando mis cosas, dejo calentando el café, cuando vuelvo me doy cuenta que no había encendido el fuego, ya no tengo tiempo de desayunar, salgo corriendo por la puerta, y apuro el paso cuando… ¿mi vecino paseando el perro?… el silencio en la calle… ¡Mierda es Sábado!… Mi vecino me ve y me saluda, yo lentamente le sonrío mientras levanto la mano y le saludo gritándole –¡Un cliente, me hace ir un sábado…, que se le va a hacer!-, y sigo caminando como si nada preguntándome ahora que hago vestido de trabajo, con maletín un sábado a la mañana, así que doblo en la esquina para perderle de vista y sigo caminando, pero, no puedo seguir por el barrio o voy a tener que dar más explicaciones y …¡¿A dónde voy?!, así que vuelvo sobre mis pasos lentamente y me asomo por la esquina que acabo de doblar, esperando a que mi vecino ya no me vea, y apuro el paso para volver a casa cuando justo sale mi vecino de al lado que ni bien me ve me dice: -¿Así vestido un sábado?-

y le explico –Tsss… un cliente, que me hace ir un Sábado-

-Ahh claro, pero, ¿A dónde ibas ahora?-

-No, volvía porque me olvidé el teléfono.- le respondo

-¿Y después te vas al cliente?-

-Sí claro- le respondo.

-¿Sin coche?-

-No, es que es cerca, prefiero ir caminando-

-Ahh, entonces te acompaño-

-Nooo, es que tampoco es tan cerca- le digo.

-Bueno, es que yo salía a caminar, y así por lo menos vamos hablando-

-Vamos entonces- le respondo sin remedio

-¿Y el móvil?- me pregunta

-No, no importa, si total nadie me va a llamar un Sábado-

Y empezamos a caminar, claro, no podía hacer dos o tres calles y decirle que era ahí, así que caminamos como 30 calles y como no se cansaba, empecé a buscar dónde meterme, al final veo un taller mecánico abierto (casi lo único abierto a esa hora) y le digo a mi vecino que era allí, que tenía que ver un trabajo con el dueño y bla bla bla. Mi vecino, empecinado, me dice que me espera, yo le digo que no se cuanto voy a tardar, y responde: -No importa, si es sábado, te espero y así volvemos juntos, y después me acompañas a mí a hacer unas cosas.-

Entro al taller mecánico y no aparece nadie, yo, ya desesperado, empiezo a caminar hacia el fondo del taller para hablar con alguien ya que mi vecino miraba desde enfrente, cuando de pronto, sin yo verlo venir,  me salta con dos patas al pecho un ovejero alemán con esas dos patas llenas de taller mecánico sobre mi camisa blanca, mi saco y mi corbata, a la vez que de una oficina gritan “Pase, no hace nada”, pero lo mismo no decía mi camisa. Me pregunta que quiero y como no sé qué decir le pregunto por una calle y justo vengo a dar con el único tipo ocupado un sábado por la mañana que tiene ganas de explicarme como llegar y me dice “Salgamos a la calle que le explico”, le digo que no se moleste, que no es necesario, y no me escucha y sale a la calle mientras mi vecino ve como el tipo me explica diez o doce veces como llegar.

Le doy las gracias y le mando saludos a Pepe (él pobre hombre todavía se preguntará quien es Pepe), y me voy. Mi vecino me pregunta que pasó y yo le digo que el dueño no estaba y que me indicó dónde está el otro taller, él me dice que me acompaña y le digo que no, me insiste y rápidamente se me ocurre decirle que hoy no abre, que abre el lunes y me quejo de la informalidad de Pepe.

Mi vecino entonces empieza una maratón por varios comercios del barrio, comprando, visitando, charlando con amigos, explicando además a todo el que se cruza el porqué voy vestido así un sábado.

Al final son ya las 11 cuando llego a casa después de una agitada mañana de sábado, me hecho en el sillón y reflexiono, mientras me saco los zapatos y levanto los pies para descansar, y me digo: “Que estresante es no querer pasar por tonto”.

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